
GANDÍA BLASCO O LA ALTA AMBICIÓN DEL DISEÑO
La pionera empresa de Ontinyent triunfa en el mundo
De fabricar mantas a tirarse la manta al cuello existe un largo trecho. Gandía Blasco lo recorrió con gusto y, sobre todo, con las ambiciones bien altas. Más que un cambio, en su caso se puede hablar de revolución industrial. Su salto del discreto entorno de las mantas caseras a la constelación de las firmas con caché en el mundo de la decoración se gestó en la década prodigiosa del diseño, cuando la empresa vio en las alfombras con look contemporáneo el perfecto relevo para los tiempos de crisis. Este acierto culminó en los 90 con el lanzamiento de una colección de productos y complementos textiles para la casa, pensada para emocionar a un público internacional y cosmopolita.
En la aventura de este negocio familiar, que desde 1941 sigue teniendo su cuartel en la industriosa población de Ontinyent, tuvo mucho que ver la inyección de savia fresca fruto del relevo generacional. José Gandía, hijo, un apasionado del racionalismo de Mies van der Rohe, cambió su carrera en la abogacía por el diseño de piezas puristas, incorporando además a la empresa un equipo de jóvenes graduados en las mejores escuelas de arte, además de grandes figuras como Patricia Urquiola, hoy la reina del diseño en Milán. Desde las costas de Miami hasta Tailandia, pasando por México, Portugal, Italia, Suiza o las instalaciones de la America’s Cup de Valencia, no hay villa, mansión, hotel o club que se precie de exclusivo que no luzca en su jardín, terraza o spa alguna pieza de Gandía Blasco. www.gandiablasco.com
